miércoles, 15 de enero de 2014

El Guardián de los Sueños

Fotografía Tomada de Internet

Todos hemos soñado con paisajes que no conocemos,
con besos que nunca hemos recibido, con palabras jamás pronunciadas.
Algunos recordamos los sueños, otros enmudecemos esperando que sea Dios
quien murmure a las estrellas aquel secreto que está escrito más allá de las galaxias.

Algún día, los océanos te ofrecerán su magia,
paisajes hechos de lunas llenas y remotas playas acariciarás con una sonrisa.
Dios es el guardián de tus sueños y llevará a otros cielos tu historia y tus anhelos,
el sacrificio y la fe que has puesto en cada batalla,  aquellas que perdiste y aquellas que has ganado.

Un palacio existe en esa frontera más allá del mar, donde tus ojos han visto un mañana,
es un instante donde el tiempo se detiene como el vuelo de una libélula dorada,
allí donde tus pasos llegarán a  través de senderos oscuros, cubiertos de arena y silencio.

Un palacio existe en ese jardín donde florecen iluminadas cada una de tus estrellas,
es una canción que Dios puso en los labios de los ángeles para endulzar el universo,
allí donde tu voz se transforma en un manantial de vida, en un oasis de fantasía.

Todos hemos soñado con paisajes que aún no nos pertenecen,
son tesoros que reclaman su dominio sobre nuestra alegría.
Algunos recordamos los sueños, otros cantamos bajo la lluvia.
Dios ilumina nuestro sendero, mientras nosotros soñamos con paisajes que aún no conocemos, pero son nuestro destino;
son esa metáfora más allá del tiempo que aguarda por ser el corazón de una poesía que aún no se ha escrito. 

Michael David Durán


jueves, 14 de noviembre de 2013

Testamento:


Te dejo la luna, mis sueños, mis versos,
el sabor del vinagre y el aroma del vino,
la fe que pusiste en mis manos desnudas.

                                        Archivo Personal

Te dejo un paisaje prestado, un evangelio de amor,
el abismo celeste donde se reflejan tus ojos.
Te dejo el eco de tu voz: aquella que fue mi única alegría,
Te dejo tu recuerdo, acaso mi única riqueza, aquella que convertí en poesía. 


Michael David Durán

miércoles, 9 de octubre de 2013

martes, 8 de octubre de 2013

Jardín de Lluvia

A través de las constelaciones,
Y por un secreto camino
Dios ha guiado nuestros pasos
Y ha escuchado la suave voz de nuestro corazón.
Y hoy estoy aquí, donde cientos de voces se convierten en una sola. Donde cada oración se eleva hasta tocar el cielo.
Y del silencio de mi boca, emerge un humilde sonido. Soy un peregrino que escucha las oraciones que se transforman en gotas de lluvia.
Este templo me acoge y recibe mis versos y mis oraciones.
Este templo se convierte en mi jardín de Lluvia, el jardín donde mi oración florece y busca la Paz de mi corazón.

Michael David Durán

martes, 30 de julio de 2013

Sentencia

Fotografía tomada de Internet

Ante las pruebas indiscutibles que han presentado contra mi. Debo aceptar señor juez y señores del jurado mi crimen: yo la amé. La amé y todos mis besos fueron en defensa propia. ¿Cómo no amarla, después de ver en su frágil y hermosa mirada, el espejo del universo?

Ella coleccionaba pequeñas máquinas de tiempo, relojes de sol y de estrellas, mientras que yo pasaba mis días catalogando atardeceres y elaborando informes de sueños y pesadillas. De vez en cuando me embriagaba de soledad  e imaginaba lágrimas tibias para dibujar melancolías en las tardes amarillas.

Ella vivía feliz, solo necesitaba de sus alas y su fe.
Yo no vivía feliz pero me había adaptado tan bien a las habitaciones vacías y los espejos opacos que mis conversaciones más profundas eran con alguna sombra despistada que se cruzaba conmigo, en el silencio de lo cotidiano.

Ella era un oasis, manantiales de alegría brotaban de sus labios. 
¿Cómo no amarla?
Ella era esperanza y risa, danza y sentimientos. ¿Cómo no amarla?

Cuando la conocí, yo había pasado del llanto a la música y esa noche escribí tres versos entusiasmados debajo de un árbol habitado por arañas azules.

Era inevitable amarla, fue un espontáneo nacimiento de galaxias que sucedió al mirarme en sus ojos.

Al principio, mis errores y miedos me limitaron a verla a lo lejos, como se admiran el mar y cielo cuando uno habita en el fondo de un abismo o en la cima de una montaña muy lejana de la playa. Sin embargo, con el paso de los días comprendí que a pesar de ocupar espacios diferentes de la misma dimensión, podría existir un vínculo entre nosotros y puse toda mi fe en ello.

De repente, la magia sucedió y el amor era esa tímida ave que se asoma al borde del nido y que es capaz de lanzarse al vacío, aún sin saber cómo volar. 

Es por eso señor juez y señores del jurado que me declaro inocente, pero acepto mi condena si algún día, al despertar de este sueño recurrente, sus ojos oceánicos son el único paisaje que pueden ver los míos.

Que ella cuando se entere, lea mis palabras y me comprenda.
Que ella acepte que mi sentencia sea amarla durante el resto de mis días.
Que ella acepte este crimen y me perdone los miles de besos que le envié mientras dormía.
Que ella, sonría en silencio cuando me pregunte si acaso estoy enviando jaurías de versos tras el dulce rastro de sus sueños.
Que ella, algún día, aunque yo ya no esté presente;
cuando despierte, murmure con los pétalos de sus labios el eco de esta sentencia y la música secreta de ésta poesía.


Michael David Durán


jueves, 9 de mayo de 2013

Abejas y Murciélagos

I

Abejas

Imagen tomada de Internet

Rodeadas de abejas que agonizan como mártires,
encontré unas palabras que te envié a través del viento.
Tú las tomaste entre tus manos, como lo haces en los sueños
y en tu vigilia, iluminada por la estrella de mayo, les devolviste la vida.

Aquel día dijiste mi nombre, sin pronunciar palabras
convertiste en impulsos de energía cada letra y en mi mente escuche tu voz.
Mi mundo se detuvo, cada estrella apagó su brillo 
y mi alegría fue un eco que hizo sonreír a Dios.

Esa noche el frío y la lluvia congelaban el silencio,
pero me sugeriste una bebida que jamás había probado.
Bebimos un elixir de mágico sabor y brindamos.
Todavía resplandece tu sonrisa en los abismos de mi memoria.
   
I I

Murciélagos


Te hablé de mi infancia mientras volaban pequeños murciélagos en nuestra mente,
y la ternura de tu corazón me contó una historia inolvidable...

El tiempo a tu lado se hace líquido y fluye misteriosamente,
siempre las horas vuelan cuando me olvido del mundo para ver tus ojos.
Aquella noche me revelaste el frágil secreto que se esconde en tu mirada,
detrás de los hermosos océanos que he visto en tus pupilas.

Llenaste mi mente con los colores de tu alma,
y los argumentos que esgrimes para defender tus derechos,
Enviaste abejas invisibles y murciélagos inofensivos a poblar mis versos...
Enviaste, sin imaginarlo, estrellas azules para iluminar mi cielo.


Michael David Durán

domingo, 21 de abril de 2013

Mi Universo

En aquella larga noche de Saturno,
me dediqué minuciosamente a escudriñar cada rincón de mi Universo.
Tu voz, en un sueño que se hizo realidad, me había anunciado tu visita...

Cambié de órbita los planetas y limpié el lado oscuro de la luna,
saqué el polvo de las estrellas que había en los agujeros negros.
Encendí nuevas estrellas y ondulé para ti las llamaradas solares,
impulsé el ritmo palpitante de los cometas y puse en su debido lugar a cada asteroide.


      (Fotografía tomada de Internet)

Llegarías a mi vida, cruzarías la galaxia azul que limita mi Universo,
el color de tus ojos resplandecería sobre cada astro celeste.
Alegrarías mi vida con tu acento, tu idioma y todos los paisajes que trajiste a mi mente.
Porque cada vibración de tu risa ha sido el origen de una nueva constelación.
El milagroso roce de tus manos y tu aroma que dibuja océanos en el firmamento,
han sido tesoro para mi alma; conjunción de galaxias y mi más hermosa inspiración.

Hoy, en la breve noche del Sol, solo deseo verte de nuevo en un sueño,
porque sin darte cuenta, soñando te entregué mi Universo, lo guardé en tu corazón.

Michael David Durán